Gestionar los recursos personales no depende de la magnitud de los ingresos, sino del método y la disciplina con los que se administran los flujos de dinero diarios. En la etapa juvenil y universitaria, el tiempo funciona como un multiplicador o un destructor de valor patrimonial: si no se aprende a conciliar lo que ingresa con lo que egresa, un incremento futuro en las remuneraciones solo escalará el desorden y el sobreendeudamiento.
Así lo advierte Christian Ponce Anglas, coordinador académico de Contabilidad y Economía de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), quien comparte pautas prácticas y utilitarias para tomar el control de la economía personal:
- Registrar cada sol con fecha y glosa exacta
En contabilidad rige un principio fundamental: lo que no se mide ni se registra, no se puede auditar ni controlar. El primer paso hacia la estabilidad no consiste en privarse drásticamente de gastos, sino en anotar cada ingreso y salida de dinero en una hoja de cálculo, libreta o aplicación móvil.
«Ver los números fríos en un papel o una app elimina la percepción subjetiva de preguntarse ‘¿en qué se me fue el dinero?’ y aterriza al usuario a la realidad operativa de su bolsillo», subraya Ponce.
- Estructurar el presupuesto por prioridades de caja
Para organizar los recursos de forma sencilla, se recomienda jerarquizar las obligaciones entre lo urgente y lo postergable:
- Costos fijos básicos: Identificar primero los egresos obligatorios como vivienda, alimentación, pasajes, servicios y pensiones académicas.
- Ahorro como pasivo fijo: Separar una cuota intocable apenas se perciben ingresos, considerándola un compromiso obligatorio con uno mismo.
«Si esperas a ver si te sobra efectivo a fin de mes para recién ahorrar, tu flujo operativo mensual siempre será cero», advierte el especialista.
- Aplicar el filtro de compra: necesidad vs. deseo
Diferenciar los motivos de compra evita fugas de capital causadas por decisiones impulsivas:
- Necesidad: Desembolsos indispensables para la subsistencia, la salud o la continuidad de los estudios.
- Deseo: Bienes o servicios que brindan satisfacción personal o confort, pero cuya postergación no pone en riesgo la vida ni las actividades diarias.
- Gasto innecesario: Fugas de dinero por compras no planificadas que no generan valor ni ahorro.
Para identificarlos con rapidez, el docente sugiere una regla práctica: si al postergar la adquisición tu rutina continúa funcionando exactamente igual, se trataba de un desembolso prescindible.
- Usar la tarjeta de crédito bajo la modalidad de una sola cuota
Las tarjetas de crédito deben ser herramientas de liquidez programada y no extensiones del sueldo para gastos corrientes. La forma idónea de utilizarlas es el crédito directo a una cuota, cancelando la totalidad de la deuda antes del cierre del ciclo de facturación. Esto permite aprovechar el financiamiento sin pagar intereses compensatorios ni comisiones adicionales. Se debe evitar diferir compras menores o consumos banales, cuyas tasas suelen encarecer significativamente el costo total.
- Definir metas cuantificables y blindar el fondo de emergencia
Un plan de ahorro pierde efectividad si carece de un objetivo específico. Toda meta financiera debe cumplir tres requisitos: un monto exacto, un plazo determinado y un propósito concreto. Al definir estos parámetros, la persona calcula su cuota mensual y la integra formalmente a su estructura de costos.
Para crear un fondo de emergencia, incluso con recursos acotados, la recomendación es destinar un porcentaje modesto pero fijo a una cuenta bancaria independiente que no tenga tarjeta de débito vinculada al teléfono celular, reduciendo así la tentación de consumos imprevistos y consolidando un respaldo financiero sólido frente a cualquier eventualidad.
Finalmente, el especialista remarca que la estabilidad económica no responde a fórmulas complejas ni a privaciones extremas, sino a la constancia en las decisiones cotidianas.

