Tras 40 años de espera, los restos de cuatro víctimas de la violencia política, ocurrido entre los años de 1980 y 1990, fueron entregados a sus familiares para retornar a sus pueblos a una sepultura digna, tras ser desaparecidos y ejecutados extrajudicialmente, tanto por las fuerzas del orden y Sendero Luminoso.
Luego de una misa en la Catedral de Huancavelica y un recorrido por la Plaza de Armas, los seres queridos de las víctimas de los militares de la exbase militar de Acobamba, recordaron pasajes dolorosos de esos años en Huancavelica, una de las regiones más golpeadas por la violencia interna.

La mamá de Víctor Alejandro Narváez Asparrín fue convocada para recibir los restos su menor “Es triste recordar el día que encontré a mi hijo, cortado el cuello y sin una pierna, eso nadie lo va borrar señores, es algo que tengo guardado”, recuerda Brígida Asparrín entre sollozos.

Cuarenta años después, los restos regresan a sus manos. “Me siento más tranquila porque va tener un lugar donde enterrarlo, eso era lo que quería, darle una cristiana sepultura a mi hijo”, dice con la voz quebrada mientras pide que se continúe con la búsqueda de su padre Francisco Asparrín Díaz, desaparecido desde 1987 cuando fue privado de su libertad por los militares.
Caso Añancusi
Francisco fue hostigado por los militares desde 1984. “Primero fue citado de manera obligatoria en el distrito de Añancusi, pero cuando llegó a las inmediaciones del lugar se encontró con los cuerpos torturados de dos comuneros con mensajes intimidatorios (así mueren los soplones)”, según se lee en un documento humanitario de la Fiscalía.
Ante el riesgo, Francisco optó por no presentarse ante los militares y se replegó a la localidad de Santiago de Coto. Posteriormente el 1986, Francisco asumió el cuidado de su nieto Víctor Narváez (nacido en junio de 1984).
En mayo de 1987, Brígida recibió la noticia de un accidente por volcadura de sus familiares. Llegó al sector de Huaccoto y tras varios días de búsqueda encontró el cuerpo de su hijo Víctor con signos de violencia extrema incompatibles con un accidente (rostro desfigurado, heridas cortantes profundas en el cuello y la amputación de su pierna derecha).
Tras la desaparición de Francisco, doce hermanos quedaron huérfanos. “Nos dieron el cuerpo de mi sobrino y pronto me darán el cuerpo de mi padre, tengo mucha esperanza”, dice Clarisa quien acompaña a su hermana Brígida en la recepción de los restos del menor Víctor Alejandro Narváez Asparrín.

“Por todas las injusticias que se cometen en el Perú que se haga justicia. A veces detienen a uno en la calle, los tratan peor que un animal y no los encuentran, por ahí los tiran”, comenta con la voz entrecortada y exhorta a las organizaciones de Derechos Humanos a brindar apoyo a los familiares de todas las víctimas de detenciones arbitrarias.
Desapariciones en la exbase militar
En mayo de 1984, quince efectivos del Ejército ingresaron violentamente a la vivienda de Juan Ignacio Velásquez Araujo para detenerlo frente a su madre y sus hermanos menores en la comunidad de Manyacc. Al día siguiente su hermano Raúl llegó hasta la exbase militar de Acobamba, desde sus exteriores logró verlo por última vez.
Tras 42 años de su desaparición, su hermana Rosa Velásquez recibió sus restos. No es la primera vez que desentierra los recuerdos de esos años cruentos que vivió su familia. En el 2012 viajó a Ayacucho para recibir los restos de su padre, también víctima de la violencia política.

Los restos de Juan Ignacio dentro de un ataúd simbólico viajó hasta su tierra natal para un entierro digno junto a la sepultura de su padre, en Acobamba, el 25 de junio de 2026.
En mayo de 1984, Emilio Antezana Espeza fue llevado con engaños a la exbase militar de Acobamba por las autoridades comunales. Antes de partir de su casa en Anta encargó a su esposa e hijos a trasladarse al poblado de Manyacc a esperar su retorno que no llegó hasta hoy (24 de junio de 2025). Regresa sus restos para una cristiana sepultura de sus seres queridos tras la espera de 42 años.

El 7 de mayo de 1984, Santiago Antezana Cueto fue detenido por las rondas campesinas cuando acudía en defensa de su tío que también era arrestado. Ambos fueron trasladados a la exbase militar de Acobamba donde fueron torturados. Ocho días después su tío fue liberado, pero Santiago se quedó y nadie supo más de él. Tras cuatro décadas, solo sus restos retornan al poblado Manyacc.
Los cuatro restos fueron recuperados tras procesos de búsqueda, exhumación e identificación forense desarrollados por la Primera Fiscalía Penal Supraprovincial Especializada en Derechos Humanos y contra el Terrorismo de Huancavelica, dirigido por el fiscal provincial Carlos Medina Romaní.
Durante los trabajos de exhumación realizado en el 2024, la Fiscalía logró ubicar los restos de 20 víctimas en la exbase militar de Acobamba, entre los que se encuentra seis varones NN (entre 14 y 43 años de edad). De los otros 14 restantes, tres fueron entregados en noviembre del 2025 y otros tres el 24 de junio de 2026 a sus familiares que buscan cerrar las heridas del pasado.


