Escribe: Alejandro Romero Tovar (*)
“Saber lo que piensa la gente, es la llave del poder” reza un antiguo apotegma de la estrategia política y militar. Desde la antigüedad, los reyes para mantener su reinado y quienes aspiraban a sustituirlos solían utilizar las habilidades de sus espías para indagar entre la población lo que en realidad pensaban respecto a sus reyes o aspirantes al trono. Lo propio hacían los generales más exitosos para husmear a través de espías no solo la capacidad bélica del enemigo, sino principalmente cuánto apoyo tenían de la población civil, incluyendo nobles y plebeyos. En la época del Tahuantinsuyo los incas también tenían sus espías: el tukuyricuy, que además de ser representante del Inca, tenía la doble misión de espiar.
En tiempos modernos, con fines estrictamente electorales en E.U.A, George Gallup en 1935 funda el Instituto Americano de Opinión Publica. Su herramienta principal las encuestas. Desde entonces, la actividad de sondear la opinión política mediante técnica de investigación cualitativa respecto a las preferencias de los electores derivó en una actividad profesional y empresarial. En la actualidad, en Perú contamos con 60 empresas registradas en el JNE, entre ellas IPSOS, CPI, Datum, IEP, Imasen.
Especialmente en épocas electorales las empresas encuestadoras publican periódicamente los resultados de sus respectivas encuestas. Hasta aquí nada novedoso está descrito. Asimismo, no es novedad que la mayoría de los electores suelen darles poca credibilidad a las encuestas; incluso las denostan atribuyéndoles intento de manipular a favor de un determinado candidato y contra del resto. La virulencia del ataque es más estridente cuando opinan por los medios de comunicación convencionales y las redes sociales los propios candidatos y sus más cercanos seguidores y los trolls contratados, con frases como “encuesta trucha” “encuestadora vendida” “la verdadera encuesta es el día de las elecciones”… revelando con ello mala fe e ignorancia respecto a la real validez del sondeo de opinión pública (electoral) Incluso, se produce una división infértil entre los que creen en los datos de la encuesta y aquellos no creen. Para zanjar en esta mini guerra, con frases apaciguadoras los más ilustrados nos dicen que la “encuesta refleja la foto del momento”. Lo cual es verdad…siempre y cuando la empresa encuestadora sea de prestigio reconocido nacional e internacionalmente.
Según mi modesta experiencia en campañas electorales, la utilidad de la encuesta no está en la lectura rápida de los datos publicados en las portadas de los medios de comunicación, sino en el análisis que se haga del conjunto de todos los datos, los cuales están contenidos en las respectivas páginas web de las empresas encuestadoras. Mejor aún, cuando se analiza cada una de las fichas técnicas, hoja por hoja del trabajo de campo. El analista de ese modo podrá “descubrir” las fortalezas y debilidades de los candidatos de manera segmentada: etaria, sexo, nivel socioeconómico y territorio.
Por su propia naturaleza, una empresa busca rentabilidad. ¿Cuál es el negocio de las encuestadoras? Bueno, una primera fuente de ingresos/ganancia consiste en el cliente, que en nuestro país suelen ser los medios de comunicación, escrita, radial y televisiva. Sin embargo, surge la pregunta razonable ¿solamente de cliente explicito? Al respecto, podría suponerse que hay otros clientes, por ejemplo, la gran empresa, algún partido político con capacidad económica, no tanto para manipular toscamente a los electores como suelen considerarlos.
El asunto de fondo es que mediante un análisis estratégico sí se puede reorientar la campaña electoral para favorecer a un candidato y atacar al resto. En este afán se produce una alianza fáctica entre el poder oculto (la gran empresa) y los medios de comunicación más influyentes.
Finalmente, considero de mucha utilidad que los propios candidatos y sobre todo sus jefes de campaña y los militantes mejor organizados hagan el esfuerzo de analizar detenidamente todo el contenido de una determinada encuesta; y no se detengan solamente en lo que se publica abiertamente. Obviamente, lo mejor e invalorable sería que el propio partido organice, como parte de su campaña, un aparato que sea capaz de “saber lo que la gente piensa” como llave maestra para abrir las puertas del poder, que están ubicadas en la Plaza Mayor y la Plaza Bolívar de Lima. ¿Cómo organizar este aparato de inteligencia? Esa es la cuestión amable lector. Ahora ya es muy tarde, pero no para las elecciones regionales y municipales.
(*) Alejandro Romero Tovar es analista político.
Puedes escribirle a alertov46@gmail.com


