Escribe: Alejandro Romero Tovar (*)
¿O la reedición de la “trampa de Kouri”? Asistimos a los prolegómenos de una lucha incruenta por el control del Congreso bicameral a través de la Mesa Directiva; principalmente, por definir quiénes serán el senador y el diputado que las presidirán durante la primera legislatura (26/07/2026 – 26/07/2027). Diversas personalidades que se reclaman demócratas y, con el debido énfasis, los dirigentes de los partidos autodenominados de oposición vienen reclamando a la presidenta electa que, como un “gesto democrático por la reconciliación nacional y el restablecimiento del equilibrio de poderes”, el fujimorismo ceda la presidencia de ambas cámaras. Incluso, la incierta “coalición democrática” (JP-AN-Obras) ya tendría a sus candidatos: Daniel Barragán para el Senado y Ernesto Zunini para la Cámara de Diputados. Sin embargo, tal como ocurre en los usos y costumbres de la política dentro del marco democrático occidental, el presidente en funciones tiene la imperiosa necesidad de establecer y mantener el control del Poder Legislativo.
Los buenos deseos no caben ni en la política ni en ninguna otra actividad humana que requiera alcanzar un objetivo mediante la competencia. Competir es luchar. Para el asunto en cuestión, pedir que el fujimorismo ceda su derecho a competir por la presidencia o el control del Congreso resulta ingenuo e infértil. Por lo mismo, en vez de distraer la atención con solicitudes irrealizables, resulta indispensable que los principales dirigentes de los grupos parlamentarios no fujimoristas centren el foco en sus propuestas y, sobre todo, en cómo mantener al menos la actual correlación de fuerzas en el Senado y en Diputados durante el día D (26/07, elección de las Mesas Directivas) y después del fatídico verano de 2027.
Para el 26 de julio, el fujimorismo solo dispone de 20 votos en el Senado y 41 votos en Diputados. Le faltan 11 votos para el Senado y 25 para Diputados, por lo que requiere de aliados.
Para el 26 de julio, el fujimorismo solo dispone de 20 votos en el Senado y 41 votos en Diputados. Le faltan 11 votos para el Senado y 25 para Diputados, por lo que requiere de aliados. Obviamente los podría obtener de Renovación Popular (RN): 8 en senadores y 15 en diputados. Podría ganar la presidencia del Senado con 30 votos gracias al voto dirimente del senador que preside la junta preparatoria, si acaso el reglamento del Congreso lo permite. En cambio, en Diputados solo alcanzaría 56 votos, por lo que le faltarían 10. Según la información de la que se dispone, el candidato para la presidencia del Senado sería el fujimorista Miguel Torres; para Diputados, Norma Yarrow, de RN.
En la cancha opuesta a los designios del fujimorismo, JP-AN-Obras suman 23 senadores, por lo que les faltarían 8; inclusive con los 7 senadores de PBG lograrían un empate con FP-RN, y de ninguna manera contarían con el voto dirimente del presidente de la Junta Preparatoria, responsabilidad que recae en el fujimorista Miguel Torres. Para la Cámara de Diputados, JP-AN-Obras podrían ganar la presidencia con diez o más de los 18 votos del partido de Jorge Nieto.
La realidad política en el seno del Congreso bicameral es tan dura como el macizo cordillerano de los Andes peruanos, verificable por la simple evidencia aritmética del número de votos de senadores y diputados. Y los dueños absolutos de esos votos son personas de carne y hueso con intereses materiales, lejanos y ajenos a una parcela en el cielo.
El retorno del fujimorismo después de 25 años a la conducción del Estado mediante el control —entendámoslo bien— del Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo (el Poder Judicial es necesario, pero aleatorio para el caso peruano) es consustancial a sus designios políticos a favor del «poder de poderes»: la gran empresa nacional y extranjera. Keiko Fujimori, hija del dictador y expresidente corrupto Alberto Fujimori, requiere como condición sine qua non para controlar todo el Estado peruano el control absoluto de ambas cámaras del Congreso. En este afán, tampoco dudará —entendámoslo bien— en reeditar la “trampa de Kouri” mediante la compra de senadores y diputados; sea ahora mismo para asegurar el tránsito de la primera legislatura a través de su alianza con RN (que además comparte el mismo ADN fujimorista) o mediante el voto convenido de un senador y diez diputados de alguna de las cuatro bancadas no fujimoristas.
A partir de enero de 2027, el escenario congresal le será muy favorable a los designios de Keiko Fujimori y del fujimorismo en general, porque 12 senadores y 32 diputados —o tal vez más— se verían tentados a participar en la subasta de voluntades y votos congresales. Vladimiro Montesinos no estará activo personalmente para organizar y dirigir la subasta; en su lugar, diputados y senadores podrían recurrir a las sugerencias y consejos del otro Vlady, el fujisocialista ahora suelto en plaza, sobre cómo transfugar en las mejores condiciones.
(*) Alejandro Romero Tovar es analista político. Puedes escribirle a alertov46@gmail.com


