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Crónica: Pasos que resuenan

Crónica: Pasos que resuenan

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Keila Campos Huamán

Julia Santos Wharton(*)

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Entre las sombras del pasado, la danza de la jija surge como un eco cultural que ha desafiado el tiempo. Dos hipótesis entrelazan su origen: una danza de salón británica, la “giga”, y uno español, la “jijona”. Este intrigante mestizaje de influencias se entrelaza con la tierra y el alma de los pobladores, llevándonos a comprender el sincretismo que la define. El 14 de junio, fue consagrada como Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura.

¿Pero, qué hace a esta danza tan especial? El profesor de danzas de la Universidad Nacional del Centro del Perú Erickson Oswaldo Quispe Márquez, asegura que “sus variantes, sus movimientos y ritmos únicos que se despliegan como un tapiz cultural” la hacen especial. Es una danza que teje en sus pasos la esencia de la labor campesina y es una variante de los solteritos que adquiere tintes de cortejo. Los jóvenes casaderos, los jijeros y las piañas, ejecutan movimientos que son un susurro de la vida amorosa que palpita en cada pueblo y el baile se convierte en una sinfonía festiva y religiosa.

Danzante de esta danza en el aniversario de la Facultad de Ciencias de la Comunicación

La jija es una narración viva de la historia, un cuento tejido con hilos de tradición que se despliegan en cada movimiento. Como un tapiz que trasciende el tiempo, cada paso cuenta una historia, cada gesto es una nota en la sinfonía de la vida campesina. La danza, entonces, se convierte en un relato que se desliza suavemente entre los surcos del pasado, recordándonos la importancia de transmitir la historia, el proceso y el valor intrínseco de esta danza única ya que es fundamental para que las generaciones futuras sigan bailando al compás de esta ancestral melodía; preservar esta rica tradición es un desafío, por ello grupos culturales y danzantes deben ser guardianes del auténtico mensaje, evitando caer en el abismo del espectáculo despojado de su significado cultural y folclórico.

¿Entonces, cómo se adapta la jija a los cambios sociales y culturales? “Reside en manos de quienes la bailan y enseñan. Los cambios, inevitables, deben ser guiados por el respeto al mensaje, vestuario y música que hacen única a esta danza. Mi conexión con la jija va más allá de sus pasos, como profesor de danza, cada movimiento es un capítulo de mi historia. La danza me ha enseñado el equilibrio, la expresión y, sobre todo, el respeto por nuestra tierra y su rica biodiversidad”.

De pronto, Erickson lamenta que “la participación juvenil en la danza de la jija es limitada y, como docente, ve eso como un desafío y una oportunidad”. Agrega: “El compromiso de los educadores de arte y danza es trazar estrategias que despierten el interés de los jóvenes, asegurando así que esta joya cultural perdure en el corazón de las generaciones venideras”.

Profesor reconocido en la UNCP, Erickson Quispe M.


Yanhela Bendezú Vilcas
, bailarina de la jija, nos cuenta que su vínculo con esta danza se gestó por las actividades universitarias, lo que la llevó a debutar en el Festidanza de la UNCp en el año 2022. En ese momento mágico, la danza no era solo una secuencia de movimientos; era un torrente de emociones que le hicieron sentir lágrimas de emoción y pasión. Y fue ahí que se dio cuenta que el camino de su crecimiento como bailarina se convirtió en una maestra silenciosa que le enseñó a apreciar más las tradiciones.

Confesó que al principio su elegancia en la danza no estaba pulida, pero con el tiempo, se convirtió en su firma personal. Su equilibrio, aunque nacido de su esencia, se nutre más del vínculo con su familia, quienes también son custodios de la danza y comparten la pasión por las tradiciones.

Yanhela Vilcas en Jauja (Paccha) fotografiada por Julia Santos W.

Yanhela nos llevó a través de la danza de la jija hacia la fiesta de cruces, donde esta danza despliega su estilo y elegancia. “Espero que la Jija siga trascendiendo, que no se pierda en el ocaso de las eras, sino que continúe danzando para las futuras generaciones”, exhorta.

Así, la jija, con sus pasos marcados en la historia, continúa su danza eterna, desafiando el tiempo y recordándonos que en cada giro, en cada vuelta, reside la esencia de un pueblo y su legado cultural.

(*) Producto del curso de Periodismo Interpretativo de Estudiantes del IV Semestre de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional del Centro del Perú.

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