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Crónica: Palabra de sobrevivientes

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Por:
Deyvis Joel Araujo Gonzalo

Rosabel Faisu Inga Véliz (*)

En las entrañas de la Universidad Nacional del Centro del Perú se resguardan historias de tragedia que desafían la imagen idílica de la vida universitaria en los años 90. Con la esperanza de integrarse al Comedor Universitario, el ‘Lobo’, se vio confrontado con una burocracia insensible y, peor aún, con la imposición de afiliación política como requisito para acceder a servicios básicos. Fernando, exdirigente estudiantil en 1993, cuyos ojos fueron testigos de un episodio violento en las instalaciones de la antigua UNCP, relata sus vivencias con actitud de reflexión.

Fernando (ex dirigente estudiantil)

La rutina tranquila del campus fue interrumpida por disparos y una operación para desarmar a un soldado. Este suceso arroja luz sobre una realidad cruda y la presencia de grupos armados que, en aquel momento, tejían su influencia en el tejido universitario. En paralelo, Rosa, estudiante de Industrias Alimentarias, enfrentó un desafío diferente al ser excluida del Comedor Universitario; sin embargo, su valentía para sortear la venta libre de tickets chocó con la abrupta irrupción militar que, un día de 1992, sometió a todos los estudiantes a un registro humillante, revelando la injerencia militar en la vida universitaria.

El ‘Lobo’, con un aire despreocupado y una disposición colaborativa al compartir sus vivencias, nos transporta a la Facultad de Agronomía en 1991. Inmerso en la vida universitaria durante un año gracias a su empleo de medio tiempo, decide postularse y finalmente ingresa en abril de 1992. Su decisión se fundamenta en el espíritu de camaradería que irradiaba en la facultad y en la identidad única que experimentó al formar parte de ella. Sin embargo, sus expectativas se ven truncadas cuando, al intentar acceder al Comedor Universitario, se enfrenta a un laberinto burocrático que, a pesar de sortear con esfuerzo, culmina en un rechazo. La asistenta social, vinculada a la oficina de Bienestar Universitario, le indica la necesidad de hablar con el delegado comensal de su facultad para obtener la admisión. Con resignación y un amargor apenas perceptible, busca al mencionado delegado en las afueras del comedor.

En un encuentro marcado por la timidez, le expone su situación y solicita admisión debido a las dificultades económicas. No obstante, la respuesta es un desalentador rechazo por parte del delegado, quien, además de tratarlo despectivamente, le impone condiciones políticas vinculadas al movimiento senderista que dominaba los espacios de la UNCP en ese tiempo. Con enojo, Pedro rechaza rotundamente tal condicionamiento y, en la actualidad, reflexiona con tono burlón sobre la contradicción inherente a las acciones de los senderistas, evidenciando una notoria carencia de igualdad en sus posturas.

Fernando, exdirigente estudiantil en 1993, nos sumerge en un suceso impactante que presenció a mediados de 1992 en las instalaciones de la antigua UNCP. Al concluir sus clases y dirigirse solitario a su domicilio, transita la vía principal de acceso de la universidad, ubicada al lado norte, cerca de la facultad de Industrias Alimentarias. En este escenario, observa la espalda de un joven vestido con jean azul, zapatillas claras y una camisa oscura. Su atención se agudiza al notar el acercamiento del sujeto a un soldado que custodia ese tramo del perímetro universitario. De repente, un sonido aturdidor, semejante al estallido de un cohete navideño, rompe la tranquilidad. Entonces presencia cómo el soldado cae al suelo y el autor de los disparos se acerca con serenidad, despojándolo de su fusil. La escena revela una premeditada operación en la que otro individuo, montado sobre la pared, recibe el arma y la pasa hacia el otro lado, desapareciendo con una coordinación que denota una organización meticulosamente anticipada.

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Prueba de dirigente estudiantil.

Rosa, ex estudiante de la facultad de Industrias Alimentarias, se niega a aceptar la no admisión al Comedor Universitario. Cada día, con entusiasmo y a veces incomprendida por su enamorado, espera la apertura de la venta de tickets libres. En un día cualquiera de 1992, tras consumir el almuerzo y devolver la charola, se dispone a salir por la puerta principal junto a su pareja. Sin embargo, se encuentran sorprendidos al ver varios carros portatropas del Ejército peruano rodeándolos, así como a todos los estudiantes de la UNCP, sin excepción. Los soldados, con fusiles apuntando al cielo, los someten a un registro verbal lleno de palabras soeces e insultos, ordenándoles formar dos columnas separadas para mujeres y varones. El miedo y el terror se apoderan de todos.

Rosa – ex estudiante de la facultad de Industrias Alimentarias

Posteriormente, instalan un trípode con una cámara fotográfica y realizan una revisión fotográfica de frente y perfil a todos los estudiantes, mientras encapuchados con pasamontañas negras demuestran una actitud de superioridad. Lo peculiar del suceso radica en un pequeño grupo de personas jóvenes al costado de la cámara, señalando a los estudiantes conocidos, sugiriendo la presencia de delatores encubiertos. Rosa observa cómo algunos compañeros son llevados a otro espacio y, desde entonces, nunca más los ha vuelto a ver.

Fernando, al comenzar su relato sobre la UNCP, nos sumerge en la gravedad de su declaración sobre el récord de muertos y desaparecidos durante la guerra interna. En pleno conflicto interno a finales de los 90, un suceso impactante acontece en las instalaciones de la UNCP, durante la semana de cachimbos. Alrededor del mediodía, la alegría y emoción característicos de la celebración se ven abruptamente interrumpidos. Fernando, dirigido por el grito alarmante que rompe la serenidad del momento, se apresura a llegar al lugar del suceso. Se encuentra con un escenario desgarrador: cuerpos ensangrentados yace en el paraninfo. David Churampi Buendía, conocido por su carisma y sociabilidad en su facultad, comparte espacio con Moisés Yarasca Huamaní, amigo cercano de David.

Así, entre la esperanza frustrada de Pedro, la violencia presenciada por Fernando y la resistencia de Rosa, nos recuerdan que la violencia política había penetrado incluso los espacios destinados a la juventud y el aprendizaje, como en la historia de la UNCP que se tiñe con tintes de una realidad que desafía la imagen tradicional de la educación superior. Las cicatrices de ese pasado persisten, recordándonos que la lucha por la verdad y la justicia debe ser un compromiso inquebrantable, incluso en los lugares donde deberíamos encontrar protección y crecimiento.

Entrevista

(*) Producto del curso de Periodismo Interpretativo de Estudiantes del IV Semestre de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional del Centro del Perú.

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